26 de noviembre de 2010

AUTUMN

Escala de grises y técnica gouache de la ilustración  Autumn:


Dibujo a lápiz de la ilustración
Medida  31,8 x 20,3 cm. :





Escala de grises a lápiz HB y 2B de la ilustración
Medida  25 x 16,7 cm. :




Detalles de la ilustración en escala de grises:






Técnica gouache en papel de acuarela
Medida  31,8 x 20,3 cm. :


En otoño hay que taparse. Que refresca.


Alyzia Zherno

21 de noviembre de 2010

Míster Gullibles




Míster Gullibles fue siempre una persona demasiado inocente, de pequeño era siempre o casi siempre engañado por los matones del colegio. Las veces que se salvaba era gracias al sonido de la campana de fin de recreo, o por crecientes lluvias, o incluso por desafortunados incidentes en los que alguna paloma dejaba caer sus residuos fecales en el hombro, nariz o cabeza del matón de colegio.
Míster Gullibles era tan ingenuo que aunque los chicos malos del colegio existieran, tenía la esperanza de que con el paso del tiempo mejorarían su carácter y al fin, toda la humanidad estaría exenta de pésimos tratos hacia los demás, de egoísmos innecesarios, tratamientos agresivos, y en resumen de todo aquello de lo que a simple vista, no gusta.
Míster Gullibles era tan testarudo que según pasaba el tiempo, veía como las flores se secaban, observaba cómo su piel tersa comenzaba a vislumbrar arrugas, contemplaba las llamas del fuego y como éstas convertían en cenizas todo lo que tocaban, y aun así, su mirada era tan optimista y cándida que aparentaba cierta anormalidad en su ser.
Míster Gullibles tenía tanta ilusión por todo lo que le rodeaba que las personas que a su lado pasaban, tenían la necesidad de preguntarle porqué estaba tan contento y entusiasmado, y él le respondía con la más alta y notable sinceridad su afán por querer ver un mundo que sólo podría describirlo él.
Míster Gullibles era tan pertinaz que gracias a las respuestas que proporcionaba a quien le preguntaba, consiguió que una enorme y casi interminable cadena de personas trasladase esa reflexión tan ingenua pero a la vez tan grande.
Míster Gullibles cambió a la humanidad.


Ojalá existiera Míster Gullibles (y fuera tan fácil).


Alyzia Zherno

11 de noviembre de 2010

LA JAULA


Aquí está la jaula en la que un carrete de hilo rojo habita dentro.
Está atado a la jaula por si escapa rodando (aunque si escapa acabaría desnudo).

Gouache en papel de acuarela      20,5 x 17 cm



Alyzia Zherno

6 de noviembre de 2010

Madame Pompiteau



Madame Pompiteau era la mediana de tres hijas. En su infancia sufrió algún que otro altibajo, pues como en muchas familias ocurre, una de las hijas resulta ser la más desgraciada en cuanto a belleza se refiere. 
Cuando salía a pasear con sus padres y sus bonitas hermanas, Madame Pompiteau, en aquel entonces Mademoiselle Pompiteau, debía soportar los halagos hacia sus hermanas, mientras ella lo máximo que podía recibir era una mirada y una sonrisa de compasión. Y de vez en cuando suaves golpecitos en su cabeza. 
La niña acrecentaba a pasos agigantados su timidez e introversión.
Como es normal, odiaba salir a pasear por zonas concurridas de gente, mientras que sus hermanas anhelaban la hora de paseo para  mezclarse entre el gentío. Varias veces consiguió quedarse en casa con su criada a cargo, poniendo excusas tales como dolores de cabeza, catarro (inventado), o incluso que había perdido su zapato de salir a pasear y no podía andar con uno solo. Cuando lograba permanecer en casa, y sus padres y hermanas salían de ella, iba directísima a la biblioteca. Porque sí, su pasión por la lectura había aumentado desde que sus hermanas ya no jugaban con ella y dedicaban todo su tiempo a acicalarse y mirarse al espejo para contemplar su hermosura. Así que ella, que no ganaría mucho pintándose los labios o colocándose los tocados y sombreros de su madre, dedicó aquel tiempo a leer y releer.
Mientras más devoraba libros, mayor era su afición por la lectura y su afán por encontrar nuevas historias y aventuras de las que, en contadas ocasiones, terminaba siendo en su imaginación la protagonista.
Llegó a una edad, en la que su interés por escribir sus propias historias fue cobrando luz. Mientras, sus hermanas tan bonitas ellas, seguían dedicando su preciada jornada a atusarse y dar largos paseos en busca de amistades e incluso pretendientes.
Aquellas tres pequeñas niñas, habían crecido y se habían convertido en tres mujeres, todas ellas preciosas en cada uno de sus intereses. Pero algo había ocurrido, Madame Pompiteau había dedicado toda su vida a leer y escribir novelas e historias que en numerosas ocasiones fueron dignas de leer por muchísima gente, sin haber prestado atención alguna a su físico, en cambio, sus hermanas que habían dedicado sus vidas a contemplar su belleza e intentar adornarla un poco más, comenzaban a vislumbrar síntomas caducos en su rostro y en su cuerpo.
Finalmente, las dos hermanas cayeron en la cuenta de que desde su niñez hasta su madurez habían estado sometidas a una ilusión que acabaría en desdicha, pues su belleza se convirtió de un modo inminente en arrugas, canas, una postura encorvada y tristeza. En cambio su hermana, Madame Pompiteau, empleó su tiempo vital en alcanzar un objetivo, por el que el paso del tiempo y la experiencia le propinó grandes triunfos como la sabiduría, la fama y la felicidad. 

Alyzia Zherno

3 de noviembre de 2010

Broches


Éstos son algunos broches, que tras márgenes temporales de inquietante aburrimiento, decidí crear.

















Alyzia Zherno

2 de noviembre de 2010



¿Protagonista de mi próximo cuento?


Alyzia Zherno